Cómo cada día dieciséis, el día de hoy supone algo importante para mí, aunque para el resto del planeta sea tan solo una fecha más en el calendario, un día dieciséis más, cómo el del mes pasado, o cómo el del que vendrá. Sin embargo, para mí no lo es, no. Llevo exactamente un mes sin pasarme por aquí, sin escribir nada, y quizá sea porque no me quedaban fuerzas para hablar sobre ti. Total, desde hace casi un mes no hay porque darle más vueltas a nada, pues ya se ha terminado todo definitivamente. Recordemos el mensaje en el que me decías que me querías mucho, que no conseguías olvidarme, y en el que dabas señales de estar más que seguro de lo que sentías hacia mi. Después, segundos después de haberlo enviado, para ser exactos, te entraron las dudas, los miedos. De repente ya no estabas tan seguro, y una vez más, la que estaba en juego, y en medio, era yo, a expensas de lo que tú decidieras. Pasó casi un mes y no diste más señales de vida. Hiciste como si no existiera mensaje alguno, y a mi no me quedó otro remedio que esperar, sin hacer nada yo tampoco, a que tú dieras el paso, pues creo que eres quién tenía que hacerlo. Llegó un sábado, y hablamos un segundo. También bailamos juntos, nuestras miradas se cruzaron, y volví a sentir que había algo, cosa que creo que tú también pensaste. Me prometiste que me llamarías sin falta al día siguiente, que había que hablar las cosas, y me despedí con un simple pero significativo "Más te vale". Llegó el domingo, y, una vez más, me convertí en la idiota de turno. Todo el día en casa, pendiente del teléfono, temblando, pensando, nerviosa, para nada. Para no obtener absolutamente nada. Pasó otro día creo, y ahí si que me llamaste, para hablar, para que quedáramos, es decir, para hacer lo que yo llevaba queriendo hacer desde el día posterior al famoso mensaje. Una vez más ibas un poco tarde. Está bien, hablamos, quedamos, y yo tomé una decisión. Llevaba días pensándolo detenidamente, pensando en lo que sería mejor, para ti, para mi, para los dos, para todos. Pensé si de verdad merecía la pena intentarlo de nuevo, estando tú como estabas con tus dudas. Y mi respuesta fue que no. No merecía. Y así te lo dije. Te dije que si lo tuvieras claro las cosas se podían hablar, la situación se podía plantear, y no tenía porqué volver a ir mal. Pero también te dije que si tenías dudas, la primera que no quería nada era yo.
Sí, te lo dije, aún no sé como fui capaz, pero ahí se acabó toda la historia, toda esta telenovela que, aun acabada, me sigue trayendo de cabeza. Recuerdo esa última conversación como si hubiera ocurrido hace dos minutos. Y en cinco días habrá pasado ya un mes. No me arrepiento, y tampoco lo hice en su momento, aunque la respuesta me dolió. Me dolió mucho. Me dolió mucho porque era justamente lo que no quería hacer, y sin embargo lo que debía hacer. Bueno, por lo menos está vez le ganó la razón al corazón, ¿no? Pienso que no podía haber sido de otra manera, puesto que tú te hubieras cansado muy pronto. Te hubieras visto presionado, te hubieran entrado las prisas por sentir algo que verdaderamente no sentías, y eso hubiera sido mucho peor. Hubiera sido algo así como "volver a empezar para volver a acabar". Te dije que tenía la esperanza de que, ya terminada nuestra historia, volveríamos a ser los que un día fuimos. Dos grandes amigos, que se podían contar todo. Me dijiste que estabas seguro de que dentro de poco volveríamos a serlo. También me dijiste que te alegrabas de que yo fuera así, de que se pueda hablar conmigo, y de que a pesar de como te habías portado conmigo, quisiera seguir estando ahí. Que valgo mucho y que no merezco que tú ni nadie me haga daño.
No sé si lo merezco, el caso es que he salido dolida, sí, aunque también fui yo la que escogí meterme en esto.
Ha pasado casi un mes y no hemos vuelto a ser los de antes. No pierdo la esperanza porque sé que lo vamos a conseguir, o porque sé que no voy a parar hasta lograrlo, pero cuando estamos juntos la situación sigue volviéndose incómoda, y es que yo...sigo sintiendo algo más, sigo sintiendo mucho más.
Porque ya no voy a poder volver a ser dueña de esos besos tuyos que tanto me hicieron enloquecer...Porque esa noche juntos que prometimos pasar creo que ya ha quedado en el olvido...Porque me quedaban muchos planes por llevar a cabo, contigo...Porque no sabes la de cosas que quería que hubiésemos compartido...
Porque tengo que dejar de pensar en imposibles ya.
Sí, aunque me duela, la realidad es ésta : se acabó...lo que se daba. Para siempre. Lástima que sigan viniendo dieciséises que me recuerdan a mis dedos enredados en tu pelo. Lástima que sea algo que no vaya a volver. Nunca más.